AMÓS ACERO: SU PASADO Y NUESTRO COMPROMISO DE FUTURO
Amós Acero


      “Amós, en su juventud, era un hombre de presencia elegante y distinguida....era un hombre delgado y de mediana estatura; su cara reflejaba sus hermosos sentimientos y su noble manera de ser; en sus ojos de color oscuro, se veía lealtad, inteligencia y dulzura; ojos que sabían apreciar la belleza en todo lo que veían; tenía un nervioso y fuerte temperamento.... ; Amós tenía una magnifica oratoria y una voz clara y sonora.... era un hombre muy simpático con un corazón sincero y lleno de ternura...en el fondo era un romántico de grandes ideales y sueños....;su sinceridad y conocimiento de cosas y hechos, hacían de él una persona muy atractiva para todos cuantos le trataban...su gran sensibilidad, le hacía sufrir muchas veces, porque le hacía ver que no todo era honrado en los hombres y en muchos de los cuales había creído sinceramente...; siempre había en sus labios una palabra de conmiseración y cariño para aquel que la necesitaba...”.

      Así, desde la añoranza y la melancolía de los que saben haber perdido un ser querido, describía su hija Dolores (Lolita, como Amós la llamaba), penúltima de un fructífero matrimonio de cinco hijos, a su padre, primer alcalde democrático y socialista de Vallecas.

      “Amós era un hombre muy valiente y seguro de sí mismo, con un alma pura, noble y llena de bondad; tenía una gran personalidad y jamás podré olvidarle”; y así, desde la frialdad y la monotonía, de los que saben que un ser querido va a morir, lo definía el sacerdote que habló con el último alcalde democrático y socialista de Vallecas antes de que con los ojos destapados por propia voluntad, acudiera a su encuentro con la muerte delante de un pelotón de militares franquistas, como tantos otros compañeros.

      Amós nació el 31 de Marzo de 1853 en Villaseca de la Sagra, un pequeño pueblo de Toledo ribereño del Tajo, río del cual dependían numerosas familias de la región, entre ellas la que nos ocupa. De este modo, pronto nuestro personaje se convirtió en improvisado y obligado pescador de agua dulce, para traer a casa lo justo para mantener a toda la familia, humilde linaje que a lo largo de su historia tantas calamidades pasó. Pronto, y con el dinero prestado por un amigo del pueblo, sació sus ansias de aprendizaje pudiendo acudir a Madrid a estudiar lo que él más deseaba: magisterio. Ser un hombre de provecho, de carrera, todo un reto que Amós se había planteado desde sus años de juventud. Quería ser maestro de niños, según él “una de las mayores ventajas de la vida, para empezar a conocer el alma y el corazón humano”; para conseguir una sociedad más justa e igualitaria había que enseñar nuevos valores a personas que posteriormente los pudieran desarrollar.

      Pero Amós, tras el día más feliz de su vida, el de su graduación, tuvo que seguir pescando en los períodos de tiempo que no tenía trabajo, para así ayudar a su padre a mantener a la familia en los tiempos de carestía. Amós encontró una improvisada profesión de la que adquirió gran sensibilidad con las personas, farmacéutico. Este trabajó lo desarrolló en Villaseca, Valdepeñas (donde conoció a su mujer Dolores) y en la céntrica calle Barquillo en Madrid. Este empeño, como he reseñado, marca un punto de inflexión en su vida. Allí conocía de primera mano los problemas que le contaban sus clientes y se fue labrando una fidelidad y reputación incontestable de todos los vecinos, los mismos que eran constantemente ayudados por Amós desde su puesto en la farmacia.

      Por estas causas Amós comenzó a leer libros de política, poco a poco empieza a acudir a las asambleas del partido, afiliándose al Partido Socialista y a las Escuelas Racionalistas en 1927. De esta forma se introdujo de lleno en los problemas que aquejaban al pueblo “y a la humanidad”. La plaza que tanto había soñado Amós le llega de la mano del Partido Socialista que le ofrece trabajar como maestro en la Escuela Pablo Iglesias situada en la calle del mismo nombre. Es entonces cuando decide trasladarse a Vallecas (primero a la calle Doctor Salgado y posteriormente a Juan Navarro, tras su elección como Alcalde). Las primeras palabras a su llegada a Vallecas se las dirigió a su mujer: “¿Sabes que me gusta lo que hemos visto al entrar en este pueblo? Siento dentro de mí un regocijo extraño. Tengo la impresión de que me va a gustar vivir aquí”.

      Se propuso estudiar en sus ratos libres para llegar a ser un buen político, sentía la necesidad de ser útil al pueblo, a la gente que le rodeaba. Ese mismo pueblo fue el que democráticamente, con legitimidad de origen por tanto, decidió nombrarle Alcalde, ya con el advenimiento de la II República el 14 de Abril de 1931. La honestidad y la claridad política de la que hacía gala Amós, NUESTRO Alcalde, quedó probada cuando recién investido dio órdenes de no aceptar ningún regalo; no quería que le pidieran la devolución de los mismos en forma de favores traicionando de esta forma su conciencia.

      La primera medida que tenía en mente al ocupar el cargo recaía en el ámbito de la educación, intentó que todas las escuelas fueran públicas, laicas y subvencionadas con presupuestos públicos para que éstas fueran gratuitas; esto conseguiría reducir las altas tasas de analfabetismo en la barriada, reforzado además con la construcción de la Biblioteca Municipal. Además reformó toda la administración municipal de Vallecas, fundó el Servicio Municipal de Beneficencia y otros trabajos siempre teniendo como objetivo la igualdad ciudadana y el servicio público al pueblo. Hay que destacar también que todas las decisiones que tomaba a nivel municipal eran consultadas previamente en las asambleas del Partido para que de esta forma todos los compañeros, que habían depositado en él toda la confianza, tuvieran acceso a la administración del municipio.

      Continuó en el cargo de Alcalde Presidente hasta 1934, que fue destituido gubernativamente con motivo de los sucesos revolucionarios, siendo restituido nuevamente tras la victoria del Frente Popular en las elecciones de 1936, de nuevo democráticamente. También fue elegido diputado en las elecciones a Cortes Constituyentes. Tras desempeñar este cargo fue designado en Marzo de 1936 Gestor de la Diputación Provincial de Madrid.

      Pero todo lo construido se vino abajo ese mismo año, un 18 de julio, con el comienzo de la guerra civil. Amós vio como se derrumbaba todo para lo cual había luchado incansablemente; el levantamiento militar hizo que aquellas numerosas aulas se quedaran vacías, todos habían cambiado los libros por las armas para defender la legalidad democrática, la cultura por la guerra en una Europa cercada por el fascismo. Situación premonitoria de la que años más tarde iba a ser nuestro vacío: sucesivos años sin libertad y una separación perpetua, forzosa e injusta de Amós.

      “Adiós, adiós a todos, alma de mi alma, millones de besos y ternuras de este infortundo que os adora y ve hacerse el momento de morir. Sed buenos. Hasta la eternidad”.

      Estas fueron, la madrugada del 18 de mayo de 1941, las últimas palabras de un rostro humilde que tenemos la suerte de hoy conocer, pero también son las últimas palabras de cuántos anónimos inocentes que, como Amós, buscaban una sociedad JUSTA para todos y que, como Amós también, acabaron procesados en un juicio INJUSTO sin poder tutelar con una garantía efectiva los derechos por los que tantos años habían luchado. Esta es la doble cara de la historia de una España que aún sigue marcada por este lance. A los socialistas nos queda un futuro por seguir construyendo, un pasado por el que mirar atrás, una vida como la de Amós, al servicio del pueblo.
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